Three on the Bund

Estuve este verano en Shanghai en un viaje relámpago. Llegué lloviendo de noche y me alojé en la planta 40 de un macrohotel. La ciudad, la hermosísima ciudad, estaba a mis pies mojadita e inmensa. Qué felicidad: es que a mí me emocionan los paisajes urbanos, los naturales sólo los disfruto en compañía. Y de la buena.
Shanghai me parece una maravilla; además de la consabida arquitectura espectacular del desarrollismo chino, conserva edificios de la primera mitad de siglo que son una hermosura y dónde se están mudando norteamericanos y europeos fascinados por lo que está pasando allí. Edificios que nos remiten al Shanghai que tenemos en la mente, que es un lugar donde hasta ahora (que parece que China está a la vuelta de la esquina) la mayoría teníamos a Shanghai.
Allí siempre se va por poco tiempo porque se suele ir a trabajar. Por ello, hay queapostar porcaballo ganador. Si sólo tienes unas horas libres, una opción es pasarlas en el Three on the Bund. Es un edificio colonial rehabilitado frente a los edificios más disparatados de la ciudad. Allí está el Whampoa Club, un restaurante fastuoso donde puedes comer pollo al vino escondido bajo una montaña de hielo o dumplings rellenos de sopa.Todo muy voluptuoso y muy imprevisible. Y en un entorno muy Wong Kar-Wai meets Architectural Digest.

Tras la comida,al Spa Evian, en el mismo edificio. La unión de Evian y Spa sólo puede proporcionar alegrías.
Y después de estas dos experiencias de la nueva China postcomunista, es posible reunir fuerzas para aguantar la humedad, las falsificaciones, el tráfico infernal, el desmadre inmobiliario, la sobreabundancia de Pradas y los aeropuertos de película futurista de Winterbottom.