De la misma estirpe que Muji, Uniqlo es una tienda sin marca; yo las llamo tiendas de marcas mudas. No hablan en voz alta, hay que acercarse para oir su nombrey prestar mucho atención, mirarlas de cerca; ni siquiera sus etiquetas lo dicen; y las bolsas, lo mínimo.

Me gusta muchísimo Uniqlo y tiene muchos elementos ( esta es una microreflexión a la ligera) para competir con cualquier otra firma de moda masiva. Y es que Uniqlo es moda muy masiva; es una firma japonesa con 733 tiendas en todo el mundo, de las que 703 están en Japón. Tiene un poco de Gap (la apuesta por los clásicos y los colores lisos), de Zara (el derroche arquitectónico, las pinceladas de tendencia), y de H&M ( el precio), pero, como elemento diferenciador, está muy orientada hacia el producto y es más arriesgada en sus estrategias de marketing y yo la veo mucho más siglo XXI que el de sus competidoras.

Uniqlo abrió su primera tienda en USA en octubre de 2006, como anticipo diseñó las 'UNIQLO Container Store', que eran unas tiendas portátiles en las que los cosumidores entraban en contacto con la marca y su carácter. Un carácter que no es dictatorial. Uniqlo diseña, fabrica y vende ropa de todo tipo para distintos tipos de hombre, mujer y niño, es flexible y dialogante. Es imposible detectar por la calle a alguien vestido de la marca.

En la tienda del Soho (preciosa, inmensa) por ahora hay más orientales que occidentales, pero es cuestión de tiempo. La apabullante paleta de colores, la calidad ( qué algodón), el precio y el hecho de ser una moda susurrante y no gritona van a cautivar a medio mundo en poco tiempo; el otro medio ya está cautivado. Y yo (toda la vida con falda) no me quito sus vaqueros.