Lo de la era de la globalización suena muy siglo XX. Para estos primeros años del XXI prefiero lo de era de la diversificación. Empresas, personajes, partidos políticos...todos se diversifican; todos quieren minimizar riesgos a la vez que captan nuevo públicos y se defienden de la competencia, su tormento y su alegría que diría el fandango.
Tiendo a desconfiar de todo producto que realiza más de una función a la vez, verbigracia: champús que además de lavar suavizan. Esta es una actitud muy falsa porque yo suelo realizar más de una funcióna la vez, soy miss multitask. Además, ¿dónde están las marcas puras?
Este párrafo viene a cuento porque acabo de leer que Starbucks quiere lanzarse a promocionar películas y libros. Tienen antecedentes: la cadena ha probado a editar y distribuir música, con bastante éxito, parece. Esperan usar sus espacios para vender un libro al año y varias películas en dvd. Han comenzado con "Akeelah and the Bee". Afirman que no tienen intención de producir cine. Hermanos Weinstein, traquilos.
Esta marca me gusta pese a sus mil detractores; suelo ir porque allí puedo hacer muchas cosas al mismo tiempo: leer, escuchar música y beber, por decir tres.Starbucks es un perfecto producto de su tiempo:
-Juega a relacionar experiencias de consumo, tipo: si te gusta esto, también te gustará aquello.
-Aprovecha la fragmentación que vive el negocio de la distribución cinematográfica.
-Busca convertirse en una marca prescriptora en sí misma, sin persona conocida detrás.
Sin embargo, más que estos rasgos, lo más contemporáneo de esta actitud es lo que cuenta uno de sus directivos en ste artículo: "queremos añadir textura a la marca y valor a la experiencia".
Textura; este siglo estará lleno de texturas.