Hay sitios a los que sabemos de antemano, sin pensar mucho, que es difícil que vayamos. Sitios que no sólo están lejos, que ya no es un problema, sino que son demasiado excéntricos para encajarlos en una vida llena de limitaciones.
Islas sin puentes, pueblos que no vienen en el mapa, espacios a los que vas sólo a sentarte un rato.
El Chichu Art Museum está situado en Naoshima, un lugar de Japón al que sólo se puede llegar en barco. En un edificio de Tadao Ando hay trabajos de Walter de Maria, James Turrell y una habitación dedicada a los nenúfares de Monet. Y nada más.
En Azuma, otro pueblo japonés de 4000 habitantes, existe un museo sobre la vida y la obra de un poeta, Tomihiro Hoshino. El mismo pueblo sacó a concurso el diseño del edificio; lo hizo por Internet aunque le asustaba la posibilidad de que nadie concursara; recibió 1500 propuestas de 53 países. El ganador: Makoto Yokomizo.
Si a alguien le interesan las relaciones del hombre con sus edificios, sus producciones y su entorno, que deje de leer teoría por un rato y mire las fotografías de estos dos museos.
Y si alguien tiene suerte, que vaya y me cuente.