Al contrario que a Miguelito, el de Mafalda, soy una entusiasta a la que le sí gusta dar soluciones.

Ha llegado el verano con su artillería pesada, Cancún no es, ni de lejos, el paraíso. China es incómodo. En Noruega hace frío y queremos estar morenos. Una isla griega implica dos medios de transporte. ¿Y si el agua de Gambia no es turquesa?. Formentera, uff, si yo no soy ninguna promesa del cine y de la moda, ¿qué pinto allí?. Sí, el mundo es más pequeño cada día y nosotros más exigentes.

Aquí van algunos lugares a los que ir este verano y en los que, seguro, no habías pensado. Con sus correspondientes razones.

">Reggio Emilia es un sitio, para empezar, con un nombre precioso. El parmesano que se come allí es el mejor del mundo. Estos dos motivos ya deberían ser suficientes para visitar esta pequeñita ciudad del Norte de Italia, pero tengo una tercera. Gracias a la ayuda de la familia Maramotti (Max Mara), sus vecinos más ilustres, este lugar se ha atrevido a encargar piezas de arte contemporáneo para sus calles y edificios. Es decir, que además del queso y del hecho, siempre maravilloso, de estar en Italia, se pueden ver murales de Sol Lewitt, realizados para el disfrute de los vecinos del pueblo. En concreto, la Biblioteca Panizzi abrirá estos días la sala en la que el pintor y sus famosos ayudantes han estado trabajando en ">Wall Drawings 1226, Whirls and Twirls 1. Este proyecto se enmarca en uno mayor en el que participan artistas como Richard Serra, Eliseo Mattiacci, Luciano Fabro y Robert Morris. Todo gracias a una empresa familiar que ha decidido invertir sus beneficios en su pueblo y a un alcalde abierto. Amancio, anímate.

Otro ejemplo de alcalde comprometido está en Sérignan, un bonito pueblo del Sur de Francia, junto a Béziers, donde además de una playa arenosa y buen vino el artista Daniel Buren ha realizado una poderosa intervención en la ciudad. Ese mismo alcalde está peleando porque Jean Nouvel contruya el museo del pueblo. Tiene 7000 habitantes. Alberto, anímate.