He vuelto. Con mi iPod bajo el brazo, que me gusta hasta cuando está apagado.

Lo he descubierto a la vez que lo han hecho los museos e intuyo que en los dos casos estamos ante la que será una larga historia de amor, aunque su tecnología no me resulta todavía todo lo transparente que quisiera. Culpa mía, no de Apple.

Leo que algunos museos están comenzando a utilizar los Ipod como alternativa a las audioguías o como nuevos soportes de éstas; creo que la audioguía es una herramienta tan fabulosa como infrautilizada. Me gustan las dos vertientes de su nuevo uso asociado a la estrella de Apple.

La Universidad de Marymount ha creado unas guías no-oficiales del Moma. Se trata de variantes sobre el discurso oficial de los comisarios y el museo; unas variantes (por definición) mucho más personales, desenfadadas, e iconoclastas. Aún no las llamaría herramientas educativas, pero en este podcasting hay una puerta enorme hacia algún lado. Por ahora me asusta la "informalidad" de los comentarios porque yo soy una chica muy formal, pero me intriga el desarrollo de esta alianza de Museos e Ipod.

Si alguien se asiente inspirado o tiene mucho que decir sobre algún cuadro de Pollock puede grabar su propia comentarioy colgarlo ">aquí.

Por otro lado, el Mori Art Museum, de Tokyo utiliza el iPod como soporte de sus guías; esto abarata costes y , teniendo en cuenta la sensibilidad de los japoneses hacia el buen diseño y lo antiestéticas que son las audioguías tradicionales, estoy segura de que genera visitantes más felices.

Yo estoy loca por llevar dos iPods en el bolso, el mío y el de un museo, ya sea con información apocalíptica o integrada.