windsor Adiós al Windsor, uno de mis edificios favoritos de Madrid, con un vestíbulo en el que sólo faltaba música de Mancini o en su defecto de Augusto Algueró. Uno de los lugares mas "charada" de la ciudad. O el único.

Como muchas mas personas estuve viendo el incendio en televisión durante la madrugada. Era un espectáculo hipnótico, hasta con narrativa propia. Me recordó a lo que había hecho horas antes en la fantástica exposición de Bill Viola, en La Caixa: observar y observar imágenes.

Creo que llevaba meses sin prestar tanta atención a estímulos aislados. Internet nos ha educado para lo contrario: saltar de una imagen a otra, escanear, a ser ágiles con la vista y el ratón. Mirar arder el Windsor y mirar los rostros y las manos de las piezas de Viola fue un ejercicio extraordinario.

ViolaMucho mas allá de que en la instalación"The Crossing" se observe cómo crece el fuego, entre los dos hechos, el incendio y la exposición, hay muchos puntos en común:

Ambos atrapan al espectador, un espectador que siempre espera algo, en el caso del Viola mas íntimo y en el del incendio mas público. En ambos juega un papel decisivo la tecnología. En el caso del Windsor, fueron los móviles con cámara los protagonistas de la noche, además de la televisión (en el de las las Torres Gemelas fueron las cámaras digitales y la prensa); la obra de Bill Viola hace un uso impresionante de la tecnología. Es inevitable preguntarse si la fuerza de las imágenes sería la misma sin la definición de las pantallas de plasma.

Por suerte, los puntos en común entre los dos "espectáculos" no ocultan lo que los separa: el hecho de que uno sea ficción y el otro no. Pero eso no impide que ambos sean reales.