muñecos Artilugios me ha hecho pensar en muñecos. He descubierto, a estas alturas, que me gustan. No que-me-han-gustado, sino que me gustan ahora. Y es que los nuevos muñecos son feuchos, simpáticos, están bien diseñados, son alegres y a mí me gustan los objetos (y las personas) así.

Remiten a las criaturas de Tim Burton, al blandiblú, a los Simpson, a Blythe, a Japón y están en los antípodas de engendros como Baby Mocosete y Barriguitas.

Estos objetos (yo, como Millás, a lo que no me interesa le llamo cosa y a lo que sí, objeto) se venden en "templos" de las tendencias como Colette y la estupenda librería Magma. Así se sitúan en un lugar diferente (la tienda de moda frente a la juguetería) , ante públicos diferentes (adulto) y con funciones diferentes (no sirven necesariamente para jugar).

Magma vende en Londres los muñecos de Jaime Hayón, que dan entre miedo y risa y están llenos de ironía, como todos sus diseños. Adfunture vende en Colette sus monigotes, al lado fundas de I-pod de Comme des Garçons.

Los Ugly Dolls vienen de New Jersey, infravalorado territorio que ha marcado tendencias brutales como Los Soprano y Sinatra.

Son los muñecos perfectos para del siglo XXI. O del XXII.