Polo barAdiós al bar de hotel como última opción, como recurso poco imaginativo, como refugio de almas solitarias (y también algo aburridas), como lugar de relleno.
Demos la bienvenida al bar de hotel como primera y casi única opción, como idea brillante.
Los hoteles han dejado de tener una única función para tener varias: son espacios de socialización, símbolos de estatus, generadores de un nuevo consumo.
Dormir es lo de menos.
Los bares de hotel son un buen ejemplo de esta forma de viajar. La idea es dotar a los hoteles de servicios a los que recurrir sin necesidad de alojarse allí. O de servicios que provoquen que los que se alojen allí no tengan la sensación de estar perdiéndose algo terriblemente fabuloso. Por ello tienen que idear una oferta terriblemente fabulosa.
Como estos tres hoteles. Además de ser extraordinarios hoteles en grandes ciudades, ofrecen tres bares que merecen una visita, aunque sea virtual.
El Berkeley Hotel, en Londres tiene el que hoy por hoy es uno de los must de la ciudad, el Blue Bar; detalles como el que tenga su propia vela de Diptyque ayudan y animan, al menos a mí.
El Plaza Vendôme, de Paris ofrece la idea de un antiguo club privado en forma de bar, el Bar Chinois. Look orientalizado, aire de fumoir, paredes empapeladas y todo el kit de lujo-de-toda-la-vida.
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El Rambagh Palace, en Jaipur, ofrece lo mismo pero en la otra punta del mundo: clasicismo y Martinis en el que dicen es uno de los bares mas exquisitos del mundo, el Polo Bar.

Los dos últimos bares pasados por un tamiz postcolonialista inevitable pero terriblemente fabuloso.