1972 fue un año grande.
Se estrenaron "The Godfather", "Everything you wanted to know about sex...", "The getaway", "Sleuth" y "What´s up doc".
Y nacimos Blythe y yo, pero ahí acaban nuestros parecidos.
Ella nació en Cincinnati y yo por aquí, ella vivió un año, la retiraron del mercado y hasta 2000 no reapareció. Yo he vivido todos estos añitos, sin comebacks espectaculares. Ella tiene unos ojos mucho más grandes, ha aparecido en la portada del WWD, ha logrado que muchos diseñen para ella y que se publique un libro que ilustra la fascinación de muchos por esta treintañera.
Esta muñeca de ojos tristes me gusta y eso que nunca he jugado con muñecas. Como buena niña de pueblo, yo me mataba con la bicicleta, recogía moras y poleo, me subía a los árboles, inventaba canciones y bailes, fundaba clubs secretos y pretendía cocinar con hierbas, e ignoraba las muñecas. Como un personaje de Enid Blyton pero sin comer galletas de jengibre.
Ahora me interesan más los muñecos. Hace años me compré un Ugly Doll. Me gusta ir a ARTOYZ. Quiero los de la exposición de Murakami que ha inaugurado hoy Casa Asia. No sabría qué hacer con ellos, pero me gustan y los quiero.Qué le vamos a hacer,acertar con el timing nunca ha sido lo mío. Eso sí, nací (Blyhte y yo nacimos) en un año insuperable.
La moda me aburre y me fascina a partes iguales. Después de unos veinticinco años (sí, veinticinco), expuesta a reportajes, publicidad y editoriales estoy anestesiada de moda. Nada me sorprende, poco me agrede, casi todo me gusta y casi nada me encanta.
Cualquiera que pasee con los ojos abiertos por Roma, comprobará que las tiendas de ropa mas interesantes no están en Via Condotti, sino en el área del
" No son piezas de hombre ni de mujer, son de huesos (...) Si tienes la estructura adecuada puedes llevarla".
Es una pena (y un síntoma) que las revistas españolas de moda tengan que regalar sandalias, bolsos y caftanes para vender. Se que es tramposo comparar con un país que lleva décadas de ventaja en este tema, pero no puedo evitar hacerlo.