El calendario tradicional de la moda dividido en dos bloques: Primavera-Verano y Otoño-Invierno ya no existe como tal. Mantiene su papel como eje pero se ha complicado.
¿Las razones? Varias y de distinta índole: desde el cambio climático al aumento de los viajes de un hemisferio a otro, pasando por el poder inmenso de empresas como Zara que, ellas solas, han logrado desestructurar un código que permanecía intacto desde principios del siglo XX. Ah, aquellos años tan ordenados.
Zara, esa gran empresa de logística, ha impuesto la costumbre de ofrecer pequeñas colecciones de forma continua y casi compulsiva. Su ejemplo ha sido seguido por todos aquellos que pueden responder a esta exigencia. No era una exigencia derl mercado pero ya sí lo es.
Todo esto es una vulgar excusa para introducir algo precisamente nada vulgar. Karl Lagerfeld ha presentado la última colección Resort de Chanel en Grand Central. Grand Central es uno de los edificios más lujosos, exquisitos y bonitos del mundo Así, sin paliativos.
También Galliano ha presentado por primerca vez la colección resort 2007 de Dior en Nueva York. Ha sido la primera vez; ¿por qué en Nueva York? Cualquier razón de contenido mediático sirve, pero puede que sólo lo hayan organizado allí para celebrar la cena posterior en el Four Seasons ,uno de los hoteles más lujosos, exquisitos y bonitos del mundo.
Ambas colecciones son preciosas, evocadoras de un mundo feliz en el que tiene sentido una colección a mitad de temporada.
Categoría: Lugares
Los viajes son una de las piedras angulares del egoconsumo. Descartada la moda por su tono repetitivo (aunque sea dentro de la originalidad ), el consumidor acude a nuevos campos para expresarse como el ámbito privado (iluminación, muebles, etc), la gastronomía y el lugar de vacaciones.
LLega el verano, y de la misma forma que las celebrities buscan el bolso "it", se busca el viaje "it". Reconozco que, aunque no me gusta lo excéntrico por lo excéntrico, sí me rebelo ante décadas de oferta estática, de viajes impuestos por personas a los que ni conozco ni me conocen. Disfruto aprovechando las posibilidades, infinitas, de mis viajes de alta costura, entendida como una técnica que ciñe el producto a las formas de mi cuerpo y de mi vida.
Llega el verano, repito, y yo viajo cada día. Cada día navego para encontrar ese lugar que encaja en mi vida, mi presupuesto, mi tiempo y mi ánimo. De todos los viajes que pienso sólo se realizará uno, pero no me importa: los otros también existen.
Esta tarde, por ejemplo, he estado en Lituania, en Curonian Spit, un Sahara en el norte de Europa entr el mar Báltico y un lago azul. Me acabo de dar cuenta de que el lago es uno de los accidentes geográficos que menos he cultivado, con lo que me gusta!
En un rato, he visto cómo llegar a Palanga, estoy ya dudando entre dos hoteles, el Palanga o el Du Broliai, he pensado una ruta y he tanteado precios de vuelos. Y esto lo hago casi cada día. Podria escribir un post diario a cuenta de mis viajes mentales, que no irreales. A este paso me recorro el mundo entero.
A mi ayuda acuden sites como Unusual hotels of the world o Black Tomato.
Soy la consumidora del siglo XXI, o XXII. Empresas de estudios de mercado, analizadme: si me conociérais, os frotaríais las manos.
Hay mil lugares que, con frecuencia, no se incluyen en una visita de cinco días a Nueva York, relegados a un papel secundario entre tantos lugares Brad Pitt, tantos sitios que deslumbran al resto.
El DIA Beacon, la Morgan Library y, muchas veces, el Cooper-Hewitt, el museo de diseño de la ciudad, son partes de ese "resto". Insisto en ellos porque tienen la fuerza de los actores secundarios americanos, son de la estirpe de Thelma Ritter y de los de las películas de Woody Allen.
Hasta el día 29 de octubre, cuando los árboles de la acera de enfrente estén ya rojos, granates, ocres y hasta fucsias, se puede visitar en la preciosa mansión del señor Carnegie "Feeding Desire: Design and the Tools of the Table, 1500–2005".
Es una exposición sobre los utensilios usados en la mesa; es un recorrido por cubiertos, platos, vasos... desde el Renacimiento hasta hoy.
Aunque no son, precisamente, los objetos de uso doméstico que más han evolucionado, será interesante ver dónde radican sus variaciones, qué atributos se han alterado para algo que continúa inamovible desde hace siglos: alimentarse.
Vamos, hay vida más allá de la calle 90. Hay luz más allá de las estrellas
Sé que con este post voy a perder lectores. También sá que los que se queden, serán míos para siempre. Asumo las consecuencias.
Iba a escribir sobre Eva Jiricna, sobre Rodarte y sobre quesos, pero he mirado el cielo, he visto que los días son más largos y me he dado cuenta de que la primavera (con su astenia) ya está aquí, y con ella el famous and infamous Carnaval.
Y he pensado: esto es un blog de tendencias. Y he atado cabos: tendencias + primavera + Carnaval= ¡eureka! Carnavales de Cádiz.
Los que no me conocen pueden pensar que soy una deidad que anda varios centímetros por encima del suelo; que sólo me alojo en hoteles de Balazs, que sólo llevo ropa de Paul and Joe y que sólo soy feliz en interiores de Andrée Putnam. Mentira. Como patatas fritas directamente de la bolsa y compro ropa en el outlet de Mango. Y me encantan las chirigotas de Cádiz.
Todo lo que se pueda argumentar contra las chirigotas de Cádiz (no me interesan el resto de las agrupaciones)lo he argumentado yo antes. Soy una conversa y como todos los conversos, soy peligrosa.
Y, ¿qué pintan las chirigotas en Showroom? Recogen, mejor que nada ni nadie, las tendencias sociales de todo un año. Me impresiona su capacidad de conocer la audiencia y conectar con ella, sus ansias fagocitadoras, su talento para optimizar recursos, sus metaejercicios, su falta de pudor y, sobre todo, lo fácilmente que me hacen reir, con una risa desprejuiciada y sincera. A mí, que soy tan exigente. En fin, que fue de lo primero, con Carmen Linares, Joao Gilberto y Cole Porter que cargué en el Ipod.
La final del Falla es el proximo viernes y dura toda la noche , como los Oscars; la retransmite Canal Sur. No hay alfrombra roja, sorry. La web de referencia es ésta ( terrible): navegarla puede conducirme a una completa "flow experience".
Ya habrá tiempo de escribir sobre la ampliación de la Morgan Library.
Nota: la imagen pertenece a una de mis chirigotas favoritas. Amigos ( y no amigos) van a reir mucho al verla. Sólo por eso me compensa este post.
Los hoteles boutique nacieron, crecieron y por tanto, se transformaron; este tipo de hoteles es asocian a los edificios pequeños, de pocas habitaciones y mucho acento en el diseño y los detalles.
Este modelo de negocio tan sencillo funcionó: todos queremos sentirnos especiales y descubridores de gemas escondidas. Ha funcionado tanto y tan bien que se ha desvirtuado, por suerte. Los precios se han abaratados y nuestro gusto como huéspedes se ha educado y vuelto más exigente.
Ahora, hay hoteles de 120 habitaciones que reproducen el modelo de los hoteles que personas como Anouska Hempel y Ian Schrager situaron en el mapa del ocio hace veinte años alterándolo para siempre.
En España tenemos un buen ejemplo en la cadena AC, que tiene hoteles tan eficaces y bien diseñados que merecen una visita a ciudades a la que nunca irías de otra forma.
El Hotel QT, en pleno Midtown neoyorquino, es uno de los abanderados de esta nueva corriente hotelera: chic para todos, que nos lo merecemos. Tiene una piscina con música submarina en el lobby: ¿alguien la usa? No lo sé. Tampoco sé si se usa una en la terraza de un edificio de Manhattan y ni siquiera una cubierta, todo el mundo está demasiado ocupado (o helado por los aires acondicionados) para saltar al agua.
Sin embargo, este golpe de efecto funciona para marcar el tono del hotel. Otros detalles son una tienda para que cada huesped reponga su minibar, desayuno gratuito y bar en el lobby, que se convierte así en un espacio en el que pasan cosas. Las reseñas en Tripadvisor son positivas y lo convierten en el hotel número 37 en un ranking de popularidad de 323 hoteles.
¿El precio? Mejor que el M...., el P... y otros muchos de los hoteles que incluyen los touroperadores en viajes de oferta a Nueva York.
¿El problema? Las 150 habitaciones son pocas para la cantidad de listillos que en el mundo habemos.
El hotel es gentileza del envidiable Andre Balazs, una de las personas en las que quiero reencarnarme.
Post scriptum: me gusta guardarme los descubrimientos, pero como en Agosto nadie me lee...
La ilusión de mi vida: una playa que en lugar de arena tiene parquet. Y detrás, edificios fabulosos.
Yo tampoco había pensado ir a Malmö, y aquí estoy, dinamitando tópicos y construyendo nuevos mitos, dos de mis aficiones.
Para empezar, me he reconciliado con Calatrava. El arquitecto-ingeniero ha construido en esta ciudad sueca el que ya es uno de mis rascacielos favoritos. El Turning Torso es una maravilla muy alta, muy grácil y que tiene encandilada a esta parte de Escandinavia.
Para seguir, aquí hace mucho calor, la gente esta bronceada.
Y para terminar, contengo mi emoción para hablar de las playas urbanas de la zona (ríete de las de Paris y Berlin). Aqui, más prácticos y expertos en maderas, han cambiado la arena (a alguien le gusta?) por parquet; y cuando se cansan de la madera, plantan cesped. Así sí me gusta la playa. Por supuesto que también me conmuevo ante la playa dunar de Cuesta Maneli, pero esto es mas cómodo.
Y miro hacia atrás y tengo un rascacielos; soy defensora de los rascacielos, cuanto más altos mejor, aunque los derriben unos desalmados.
O edificios a ras de suelo, como las casas de Mies van der Rohe o las torres infinitas.
Para llegar a ¨Malmö desde Copenhague hay que cruzar un puente largo largo. Por si no lo he dicho antes, me encantan los puentes. Los quiero cruzar todos.
Me gustan mucho las piscinas. Todas, hasta las de los polideportivos municipales. Siento por ellas una fascinación que ni yo ni, seguro, ningún terapeuta podría explicar.
En los recuerdos más intensos de mi infancia hay una piscina, con frecuencia rodeada de encinas, meriendas y veranos azules. En mis mejores vacaciones ha habido piscinas, en mi casa pluscuamperfecta hay una piscina y en mi idea de paraíso hay una piscina, no tanto para bañarme en ella como para tenerla cerca.
Me gustan las de una calle y las olímpicas, las verdes y las azules, las albercas, las cubiertas, las de campo y las de ciudad, las que cuidan las perspectiva y las que la ignoran.
Me conmueven especialmente cuando están en medio de ciudades calurosas; las veo voluntariosas, como diciendo: "hago lo que puedo". La piscina del Hotel Emperador en Madrid y la del Hotel Doña María en Sevilla, entran dentro de esta categoría.
Me alegran las de plástico, que nunca tienen gente triste cerca; me impresiona verlas en verano en medio de las calles de Manhattan, en Elizabeth St, con niños chapoteando dentro y mesas plegables congeladas en el tiempo.
Dice la revista Forbes que las del Ritz de Paris y la del Mondrian de Los Angeles son dos de las mejores del mundo. Y Forbes y yo pensamos que la del Hyatt de Tokio es otra maravilla que merece la pena una ruina transitoria.
La más bonita que he visto está en el Samode Haveli, de Jaipur. Mármol, gin fizz, toallas blancas perfectas, té en teteras de plata, camas cubiertas para dormir siesta, jacuzzi real a la luz de la luna y silencio. La imagen no le hace justicia, como tampoco se la hacen a las piscinas del Rambagh Palace ni del Ajit Bhawan,
Por supuesto, uno de mis cuentos favoritos es "El Nadador", de John Cheever, la historia de un hombre que cruza su condado camino de su casa atravesando a nado las piscinas de sus amigos y vecinos.
Nota: estaré unos días sin escribir. Volveré muy pronto, dispuesta a tirarme a cualquier piscina, dejando mis tacones en el borde.
Cualquiera que pasee con los ojos abiertos por Roma, comprobará que las tiendas de ropa mas interesantes no están en Via Condotti, sino en el área del Pantheon.
Allí se condesa el negocio de la moda eclesiástica, donde todos los estamentos del clero acuden a vestirse. Hay muchas mas de las que cualquier no-romano y/o cualquier seglar podría imaginar.
Hay variedad en colores, texturas, precios, modelos. Hay mujeres que no parecen monjas y que seguro que compran mocasines de monja, que tan cómodos son y tan bien quedan con cualquier prenda que no sea monjil ni recatada. Hay señores, ejecutivos quizá, que compran medias exquisitas que les envuelven en papel de seda.
La reina del sector es Gamarelli, una sastrería que está en la Piazza Minerva que desde 1798 cose la ropa de los Papas. Imagino que, entre el clero, el Papa es el gran presciptor.
Gamarelli tiene listas tres casullas para el futuro Papa. Una por si es fortachón como Juan Pablo II, otra por si es regordete como Juan XXIII y otra por si tiene mas aspecto de El padrino III como Juan Pablo I. Cualquier Papa cabrá en esta clasificación igual que todos cabemos en las doshas del ayurveda, por ejemplo.
Los cardenales aprovechan hasta el inico del cónclave para ir a su Savile Row, ellos que tantas alfombras rojas tienen que cruzar. De todas formas, se espera que las ventas aumenten cuando el nuevo Papa sea elegido; entonces, mucho mas relajados, los cardenales irán de compras.
En una institución basada en la solidez y espectacularidad de los rituales, es lógico que se preste atención al aspecto de los representantes. En una institución cuya fuerza se basa en la repetición de fórmulas tradicionales, es normal que no haya apenas espacio para la innovación y sí para el revival.
El hábito por supuesto que hace al monje.
